Las fiestas de Todos los Santos y los Difuntos llenan de vida nuestros cementerios

La celebración de la Fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y la de los Fieles Difuntos el día 2 llenan de vida, paradójicamente, los cementerios por parte de los que tienen la costumbre de visitar a sus familiares.

Aunque muchas veces asociado a lo macabro, muchos de los cementerios de la provincia de Málaga invitan a algo más: los camposantos son espacios para el silencio, dotados muchos de ellos de una indudable belleza estética, enclavados en idílicos entornos naturales o con una concentración artística que adquieren la categoría de verdaderos monumentos funerarios.

En estos días en que los cementerios huelen a flores frescas y los vecinos de los pueblos de la provincia embellecen sus muros como homenaje a los difuntos, invitamos a visitarlos y a saber ver más allá de su propia función.

Tal es la importancia de algunos de estos camposantos que organizan visitas y actividades diversas a lo largo del año aunque es en el primer fin de semana, como no podía ser de otra manera, cuando recuperan su esencia.

Sayalonga, ‘el redondo’
Lo que más sorprende es su forma original, casi circular, lo que le convierte en uno de los pocos camposantos de España con esa forma. No obstante, a pesar de ser popularmente conocido como ‘el redondo’, el camposanto de Sayalonga realmente tiene una base octogonal. Fue construido en el siglo XIX y cuenta con nichos en forma de bóveda superpuestos unos encima de otros, y todos ellos encalados. En el año 2002 se inauguró junto al cementerio un museo o Centro de Interpretación donde se informa de sus orígenes.

Leyendas y restos masones: Su peculiar forma ha dado lugar a algunos mitos. Así, se dice que se construyó de esa manera para que los muertos «no se dieran la espalda unos a otros». La leyenda también habla de la existencia de símbolos masones en el recinto. Ofrece visitas guiadas gratuitas.

Cementerio de Frigiliana
Siguiendo en la Axarquía, merece la pena desplazarse hasta Frigiliana. La construcción del camposanto de este se pueblo se remonta a 1791 y su principal belleza radica en el contexto del urbanismo del pueblo: y es que el cementerio de Frigiliana es un ejemplo de armonía urbanística ente esas instalaciones y el simpar casco urbano de este pueblo blanco.

El cementerio se encuentra a la entrada sur del pueblo, anexo a una pequeña ermita dedicada a San Sebastián, que se levantó en 1834 en acción de gracias por salir el pueblo de una epidemia de cólera.

San Miguel, el monumental
Este camposanto ubicado en Málaga capital, sobre una de las colinas del barrio de Capuchinos, es uno de los más suntuosos y estéticos del país, auténtico museo fúnebre, con más de 250 panteones. Es de estilo neoclásico, tanto por su fachada como por el trazado y por la capilla principal. Flanqueando al oratorio se encuentran dos de los panteones más impresionantes del recinto: el de los Larios y el de los Heredia. El primero, también de estilo neogótico, puede presumir de ofrecer la cúspide más alta de San Miguel, mientras que el panteón del matrimonio Heredia-Livermore lleva la firma del escultor italiano Lorenzo Bartolini, que llegaría a convertirse en el autor de cámara de Napoleón Bonaparte.

Vecinos ilustres: Precisamente los nombres de las familias malagueñas más emblemáticas copan muchas de las tumbas de este cementerio, que alberga además el descanso de multitud de personajes conocidos como el músico Eduardo Ocón, la escritora Jane Bowles, el poeta Salvador Rueda, el médico Gálvez Ginachero o el pintor José Denis Belgrano, así como algunos familiares de Pablo Ruiz Picasso y de la emperatriz Eugenia de Montijo. Incluido en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, además de ser BIC, fue inaugurado en 1837 y reconvertido en columbario en 1987.

Además, en el centro del cementerio se alza la impresionante capilla circular, con interesante imaginería dieciochesca. Aquí, el general Torrijos y sus compañeros recibieron sus últimos honores antes de ser trasladados al actual obelisco de la plaza de la Merced.

Benadalid, el de las cuatro torres
En el Valle del Genal, entre este río y el Guadiaro, y con apenas 250 habitantes, se alza el caserío de Benadalid. El cementerio de esta pequeña y tranquila población cuenta con la peculiaridad de estar fortificado.

En efecto, su castillo es desde el siglo XIX el camposanto en donde los benalizos entierran a sus familiares y vecinos. Esta construcción puede ser original del siglo II correspondiente a la ocupación romana, si bien los principales indicios arquitectónicos que hoy quedan corresponden a la arquitectura árabe.

Escenario de fiestas. Además de ser el monumento estrella de la pequeña localidad, también ocupa un lugar destacado en los festejos locales. En verano es el escenario de la fiesta de moros y cristianos, que data del siglo XVIII, coincidiendo con las fiestas patronales en honor a San Isidoro.

Álora, tumbas mudadas del Castillo
El castillo árabe de Álora, declarado Monumento Nacional en 1931, fue hasta hace unos años el cementerio del pueblo. Construido por los árabes durante los siglos IX y X, sus orígenes se remontan a época fenicia y romana. En el recinto amurallado destacan la Torre de la Vela, la Torre de Vigilancia y un arco de herradura apuntado, único en Occidente. Hoy en día quedan dos torres y un arco de herradura en la muralla.

Panteón cúbico. Dentro del antiguo recinto se hallaba el cementerio, entre cuyas tumbas blancas destaca un bonito panteón cúbico con cubierta a cuatro aguas revestida de tejas verdes. El último enterramiento registrado en este espacio data del año 2000. Aunque ya no cumple la función de cementerio, en torno al 1 de noviembre tradicionalmente alberga actividades relacionadas con los difuntos.

Casares, blanco como el pueblo
El cementerio de Casares se encuentra en el interior del entorno del antiguo Castillo, delimitado por la fortaleza construida en época mozárabe. La peculiaridad de este camposanto es que tiene el mismo color en sus nichos que predomina en el resto del pueblo, el blanco. Incluso los propios vecinos encalan las tumbas para que queden del tono que distingue al municipio.

Nichos en forma circular. También es peculiar su estructura, ya que para adaptarse a la topografía de los terrenos los nichos se ubican de forma circular, una estampa que vista desde las montañas de la sierra de la Utrera llama mucho la atención. Actualmente, la zona del Castillo es una de las más turísticas de Casares, y junto al cementerio se han eregido casas rurales, viviendas y negocios.

Casabermeja, los muertos se entierran ‘de pie’
Es uno de los más conocidos no solo en la provincia sino también fuera de ella, no en vano fue declarado Monumento Nacional en 1980 y Bien de Interés Cultural (BIC) en 2006. Esta distinción también la poseen en la capital el Cementerio Inglés y el de San Miguel, y en la provincia el camposanto de Benadalid. Destacan sus abundantes panteones, túmulos y pináculos, de ahí que se le considere como una pequeña ciudad para los muertos, con calles estrechas y fachadas cuidadas, por lo que supone una joya arquitectónica de la provincia.

Construido en el siglo XVIII, el cementerio de San Sebastián se divisa desde la carretera, desde donde pueden verse los panteones más altos. Esto propició que durante algún tiempo se creara el falso mito de que en Casabermeja se enterraba a los muertos de pie.

Aunque cuenta con una intensa actividad durante todo el año, esta adquiere su máxima expresión el día de todos los Santos, cuando se celebra el recital poético ‘Versos para enterrar el verano‘ y se hace también un ya tradicional encendido de antorchas y visita guiada nocturna. En los días previos, las mujeres de la localidad blanquean los nichos y panteones los adornan con flores y le encienden velas a sus difuntos.

El Cementerio Inglés, el camposanto concebido como un jardín botánico
Singular de principio a fin es este cementerio, el primero protestante de España, que está enclavado en pleno barrio de La Malagueta, en Málaga capital. Se empezó a construir en 1831 por iniciativa de un cónsul británico con el fin de dotar a la colonia inglesa residente en la ciudad de un lugar donde sepultar a sus muertos, ya que hasta entonces se hacía en las playas de forma subrepticia, puesto que estaba prohibido enterrar de día a los no católicos.

Está concebido como un jardín botánico -alberga diversas especies exóticas y en su momento hasta se trajeron geranios de Gibraltar- con tumbas dispuestas en bancales y mirando al mar. Además de la del poeta Jorge Guillén o la del hispanista Gerald Brenan, una de las tumbas más conocidas es la de Robert Boyd, uno de los 52 fusilados sin juicio previo junto al general Torrijos el 11 de diciembre de 1831. Asimismo son dignas de mención (y de visita) la zona de las sepulturas más antiguas, con tumbas excavadas en la tierra y cubiertas de conchas, la gran mayoría, de niños. De hecho, otra de sus tumbas más populares es la de un bebé de apenas un mes llamado Violeta, en cuyo epitafio se puede leer ‘lo que duran las violetas’, comparando la corta edad de la pequeña desaparecida con la duración de la planta de la que tomó su nombre.

Gestionado por la Fundación Cementerio Inglés de Málaga, una organización sin ánimo de lucro, la iglesia anglicana de San Jorge incluye un monolito de recuerdo a las víctimas alemanas del naufragio de la fragata ‘Gneisenau’, ocurrido en 1880. El pueblo malagueño se volcó con aquella tragedia y murieron una docena de vecinos tratando de rescatar a la tripulación. El último enterramiento se produjo en 1995 y fue el del último guardián del lugar, Antonio Alcaide, que ‘heredó’ el puesto de su abuelo y su padre.

A lo largo del año organiza diversas actividades (como por ejemplo mercadillos o conciertos), y visitas guiadas, algunas de ellas teatralizadas.

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